3 de noviembre de 2016

Testigo de los días, de los meses, de los años


Castro Portela me recibe con la hospitalidad de sus escasos vecinos, en un día en el que si no fuese por las hojas caídas de algunos árboles los cuales anuncian la llegada del otoño, podría decirse que fuese verano por las elevadas temperaturas.
Mientras desciendo por su calle principal llaman mi atención las hojas de una vid flotando sobre el abrevadero y a la vez la hornacina del santo.
Luces, sombras, reflejos, colores y una ventana testigo de los días, de los meses, de los años, reflejada en las aguas puras y limpias que bajan de la montaña.





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